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Como en todos los oficios y profesiones, en la política hay expertos, buenos, malos, pésimos y quienes usurpan funciones y blofean experiencia y capacidades, rolleros consumados, cínicos estafadores del voto ciudadano, demócratas de discurso, activistas del oportunismo, legisladores levantadedos o, como dicta la conseja popular, apantallapendejos.

 

Columnista del periódico La Crónica de Hoy. Director del portal Entresemana.
Correo: sanchezlimon@gmail.com
Twitter: @msanchezlimon 

Son simuladores que ocupan cargos públicos, conocidos como chapulines o chaqueteros de la política, incapaces de proponer una iniciativa de reforma legal, en cualquier rubro si usted quiere incluso de confetis y serpentinas, porque sin asesores o secretarios técnicos y apoyadores a sueldo no son capaces de hilar siquiera un discurso en defensa de un dictamen.

 

¡Ah!, pero son excelentes en la crítica y la descalificación, personajes dispuestos a sumarse a causas de supuesta demanda social y en la relación de losabajofirmantes en desplegados contra políticas públicas o decisiones gubernamentales.

 

Hay 500 diputados federales, 128 senadores y una vasta pléyade de legisladores locales, miles de funcionarios públicos de los tres niveles de gobierno, pero sólo unos cuantos capaces de proponer, discutir, analizar, enmendar, recomponer y estructurar una reforma con los alcances de las estructurales que al arranque de la administración de Enrique Peña Nieto se aprobaron merced al impulso y los consensos del Pacto por México.

 

Por supuesto, hay experimentados legisladores de carrera, políticos que van de Cámara en Cámara, en el Congreso de la Unión y los congresos estatales. Buena parte de ellos nunca han hecho campaña, son plurinominales y fieles de la balanza o negociadores natos que obedecen al jefe en turno, es decir, al gobernador o Presidente de la República.

 

Empero, estos prohombres y mujeres destacadas integrantes del primer círculo, no necesariamente tienen la cultura educativa y política que los asuma íntegros y vacunados contra despropósitos legislativos, como ha ocurrido con la Ley de Responsabilidades Administrativas que contiene a la Ley 3 de 3.

 

Los casos de Emilio Gamboa Patrón y César Camacho Quiroz respecto de esa Ley que el presidente Enrique Peña Nieto, presionado en parte por los capitanes de empresa y dueños del dinero en México, devolvió al Congreso de la Unión para enmendar un desaguisado que generó algo más que zozobra entre quienes son proveedores o tienen negocios con el gobierno y los que reciben recursos públicos.

 

Gamboa Patrón prácticamente asumió que estaba dormido cuando senadores del PAN pasaron el tema como una reserva en la discusión, en lo particular, del dictamen de la reforma a la Ley de Responsabilidades Administrativas. Bueno, eso es lo que dice; mientras Camacho Quiroz recordó que ya había advertido que ese dictamen podría ser revisado. Y su jefe les ordenó hacer lo conducente. ¡Qué pena!

 

Bueno, bueno, estos personajes del priismo contemporáneo, el primero en ejercicio de esa práctica de sobrevivencia política y, el segundo, como parte del grupo mexiquense en el poder, hicieron su tarea, con todo y la pena ajena, pero qué decir del oaxaqueño Francisco Martínez Neri, coordinador de la diputación federal del PRD, a quien no hace mucho acusaron de dobletear quincenas como legislador del Congreso de Oaxaca y docente en la UABJO.

 

Este personaje demanda revisar la Reforma Educativa tal y como ocurre con la Ley 3 de 3, que será nuevamente votada, con las observaciones presidenciales, en un periodo extraordinario.

 

No tendría nada de malo que un diputado federal y sobre todo del PRD se pusiera al lado de la causa de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, cuya bandera precisamente ondea con la exigencia de derogar a la Reforma Educativa, mas no propone un solo párrafo de reforma a su conveniencia, siquiera, que no sea volver a las canonjías que tenían cuando controlaban la caja chica que era el IEEPO.

 

¿Dónde andaba Martínez Neri cuando se impulsó la Reforma Educativa? Era diputado local en Oaxaca, estado en el que se le señaló como activista de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), apoyador de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) y supuestamente vinculado a grupos guerrilleros.

 

Martínez Neri niega todo aquello de lo que se le acusa, mas no puede negar el apoyo que ha recibido del gobernador Gabino Cué y mucho menos el cargo que tuvo como rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y la plaza de académico en esa casa de estudios.

 

En suma, el hoy diputado federal perredista –que una vez quiso ser candidato a gobernador siempre y cuando lo apoyaran todas las fuerzas políticas de oposición—tiene una vasta experiencia docente pero no se sabe, por lo menos públicamente, que haya impulsado una iniciativa de reforma educativa ni mucho menos que haya participado activa y propositivamente en las mesas que se integraron cuando se analizó y discutió la iniciativa presidencial de Reforma Educativa.

 

El diputado federal oaxaqueño, como profesor de la UABJO cobraba como secretario de las Culturas y las Artes, del gobierno de Oaxaca. ¿Tiene méritos para hablar de honestidad y cuestionar una reforma en la que nada tuvo que ver porque no pudo, o definitivamente no quiso?

 

Bien por este legislador que se destaca más que como coordinador de la bancada perredista, como recurrente crítico contumaz de todo lo que tiene sello oficial, mas no se le conoce propuesta alguna, en lo local y nacional, para atender y solucionar los problemas educativos de Oaxaca y de México, en lo general.

 

Pero, fiel a esa característica de los políticos rolleros y críticos por sistema y del sistema, ayer reprochó que el promedio de escolaridad de los mexicanos sea de 9.2 grados, lo que coloca a México entre los últimos lugares de los países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

 

Y acusó que, de acuerdo con el informe presentado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), uno de los graves problemas de rezago es que el presupuesto no está alineado con los cambios en las metas de equidad e inclusión.

 

 ¿Y quién aprueba el Presupuesto de Egresos de la Federación, diputado Martínez Neri? Entonces le pasó de noche la discusión y aprobación del PEF 2016 que en noviembre de 2015 aprobó el pleno de la Cámara baja. ¿O no fue a la sesión el diputado?

 

Dos puntos llaman la atención respecto de las obligaciones legislativas de Martínez Neri, como el hecho de que asegure que poco más de 80 por ciento del gasto es inercial, tanto en la asignación de recursos como en las metas programadas; y que es inaceptable que 20 por ciento de los municipios más pobres de México únicamente reciban 15.2 por ciento del presupuesto total para educación, cuando deberían ser prioridad.

 

Estamos de acuerdo. Pero, en ese rollazo que su oficina de prensa distribuyó ayer, no hay una sola línea en la que Martínez Neri proponga soluciones. Un simulador más. Conste.

 

LUNES. Dicen los malquerientes de Manlio Fabio Beltrones que éste ya no tiene nada qué hacer en la carrera por la Presidencia de la República en 2018. ¿Los chamacos podrán? Por lo menos la generación de gobernadores y miembros del gabinete, es ésa que solo blofeó. ¿Cuántos años tiene Manlio y de qué tamaño su experiencia? Lo dicho, en este espacio en su momento, operó el TUCOM (Todos Unidos Contra Manlio) y sigue en la línea. ¿Línea? Digo.

 

 

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